Viajar tras un ictus

Después de haber sufrido un ictus, es probable que te estés preguntando: ¿qué pasa con el tema de viajar? ¿Qué medidas especiales debo tomar? ¿Cuánto tendré que esperar para poder irme otra vez de viaje? ¿Qué fármacos deberé llevar contigo? Y muchas preguntas más.

En este artículo intentaremos solucionar todas estas dudas para que puedas empezar a viajar con toda tranquilidad. La principal diferencia será que, probablemente, ¡necesitarás un poco más planificación de lo habitual!

 

¿Cuánto tiempo esperar?

 


Después de un ictus, las guías médicas indican que los pacientes deben permanecer en observación el tiempo suficiente para asegurar que la enfermedad está estable.

 

El riesgo de complicaciones, las posibles discapacidades físicas y mentales, y la incapacidad para soportar el estrés de un vuelo son razones de peso para no viajar inmediatamente después de un ictus.

 


Una vez haya pasado la fase aguda de la recuperación y el paciente esté estable, sin cambios, se podrá considerar el viaje.

 


Como norma general, está contraindicado viajar durante las 2 semanas posteriores a sufrir un ictus.

 

Planificación del viaje

 

International Air Transport Association. Si tiene que realizar un viaje en avión en las 2 semanas posteriores al ictus:

  • Requiere una autorización médica para viajes si han pasado menos de 4 días tras el ictus.
  • Recomienda enfermera acompañante para viajar entre 5-14 días tras el ictus (a menos que se haya producido una recuperación sin complicaciones).
  • Requiere oxígeno suplementario para todos los viajes si han pasado menos de 14 días tras el ictus.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS), establece que el viaje aéreo está normalmente contraindicado en pacientes que han sufrido recientemente un ictus, aunque la aptitud para el viaje debe decidirse sobre cada individuo.

 


El seguro de viaje es muy importante si se viaja al extranjero, y se debe comunicar al seguro que se ha sufrido un ictus para comprobar que se está plenamente cubierto.

 

Medicación durante el viaje

 


Hay que planificar el viaje con cuidado para asegurarse de que dispones de todos los medicamentos que necesitas y de que te los tomes en los momentos adecuados.

 


Lo más recomendable es que la medicación la llevéis tanto en el equipaje de mano como en el equipaje facturado, por si se perdiera la maleta.

 

Si llevas medicación o equipamiento médico (como por ejemplo jeringuillas) en el equipaje de mano, tendrás que llevar la receta de tu médico impresa para poder presentarla en cualquier momento. Además, lleva una fotocopia de la prescripción médica también en el equipaje facturado.

 


Asegúrate de llevar suficiente cantidad de medicación para todos los días que estés fuera de casa, e incluso un poco más de la necesaria por si el viaje se alarga.

 


Podéis preguntar a vuestro farmacéutico sobre cómo adaptar los horarios de vuestra medicación en caso de que cambien los husos horarios en vuestro destino.

 

Aunque normalmente el reglamento sobre el equipaje de mano limita los recipientes líquidos a un máximo de 100 ml, en el caso de medicación líquida este límite no aplica siempre y cuando llevéis a mano la receta y la prescripción médica correspondiente.

 

La circulación de la sangre durante el viaje

 


Durante el vuelo la presión del aire dentro de la cabina del avión es inferior a la que hay en tierra.

 


Debido a esto, durante el vuelo hay menos oxígeno en sangre de lo normal.

 


Esto puede afectarte si tienes problemas cardíacos o respiratorios, por lo que es importante que preguntes al médico antes de subirte a un avión.

 

En un vuelo largo es probable que estés quieto durante bastante tiempo. Esto puede provocar que la sangre circule más lentamente o se “encharque” en las piernas, con el consiguiente riesgo de desarrollar una trombosis venosa profunda (TVP), es decir, la formación de un coágulo en una vena de la pierna.

 

Por eso, es importante reducir el riesgo de padecer una TVP bebiendo agua y manteniéndote activo, por ejemplo, haciendo ejercicios sencillos para así mejorar el flujo sanguíneo tales como flexionar los tobillos o caminar.

 

 

DAB1847.03.2021